De dónde sale la diferencia
Empieza por la tarifa base. Para una empresa de la eurozona, Stripe cobra un 1,5 % más un pequeño fijo con una tarjeta europea; PayPal, un 2,9 %. Sin fronteras ni monedas de por medio, un pago de 1000,00 € de Alemania a España cuesta 15,25 € con Stripe y 29,35 € con PayPal.
Después, la tarjeta cruza una frontera. Los dos añaden un recargo cuando la tarjeta se emitió fuera de tu región, y los dos lo cobran sobre el bruto, encima de la tarifa base. En el pago de 5000,00 $ desde EE. UU. son 82,50 $ en Stripe y 99,50 $ en PayPal.
La conversión es donde PayPal se despega. Stripe añade un 2 % a las cuentas europeas y británicas; PayPal, un 3 % a las europeas y un 4 % a las de EE. UU., y lo aplica después de la comisión porcentual, sobre lo que queda. Las dos se acumulan. En el mismo pago, solo la conversión de PayPal son 142,65 $, frente a 96,85 $ en Stripe.
Lo que PayPal vende por esa diferencia es alcance. Casi cualquier comprador online ya tiene cuenta, y algunos solo pagan con ella. Su protección al comprador hace además que las disputas tiendan a resolverse a favor del cliente, algo que pesa si vendes servicios donde es difícil demostrar la entrega.